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Ministerio de Salud y Protección Social

Allá donde casi nadie llega

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 Allá donde casi nadie llega

Ministerio de Salud y Protección Social > Allá donde casi nadie llega
22/02/2013
 
Boletín de Prensa No  046 de 2013



 
 -    MinSalud y la Pastoral de la Primera Infancia trabajan en llave para beneficio de 19 mil niños y 17 mil familias en todo el país.

 
Bogotá, D.C., 22 de febrero de 2013.- Ella quería hacer de su vida una pintura indeleble, similar a la que utiliza la comunidad indígena Embera Dobidá para expresar sus estados y ciclos vitales, como el paso de niño a adulto. Tal vez por eso, su alma misionera, enfermera y religiosa la llevo durante 12 años a convivir con creencias tribales en Benín, un país del África subsahariana donde los servicios de salud son escasos, el promedio de vida alcanza los 53 años y es catalogado como el número 94 más poblado del planeta.

Allá fue donde Olga Yolanda Toro Escalante hizo más recio su temperamento, y estuvo a punto de morir como consecuencia de las innumerables ocasiones que padeció la malaria falciparum, por lo que su estado de salud entró en una curva descendente. Ese lugar donde se habla el Hausa, el Yoruba y el Fon fue el último espacio antes de llegar a su destino actual, aquel que no quiere abandonar y donde quiere dejar hasta su última gota de existencia para trabajar con los Embera, termino indígena que traduce “la gente del maíz”.

Esta religiosa, perteneciente a la comunidad de las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, decidió regresar a Colombia para establecerse en el Alto Baudó, “allá donde casi nadie llega” –dice- para trabajar en pro de la primera infancia, el ciclo de la vida que abarca esos primeros seis años de vida vitales para el desarrollo emocional y social de toda persona.

En ese lugar -casi inaccesible- ha actuado como una heroína. Su cotidianidad incluye el rescate de niños abandonados en ríos por parte de miembros de la comunidad Embera Dobidá,  simplemente porque la naturaleza les jugó una mala pasada y llegaron a este mundo con una malformación congénita.

Los Embera Dobidá, precisamente por su nombre, son habitantes de las riberas y fue en el Alto Baudó donde Yolanda Toro encontró el lienzo para delinear el último cuadro de su vida. “De allá no salgo, yo moriré allá”, asegura con certeza.

Tarea inconmensurable

A través de la Pastoral de la Primera Infancia –inicia su relato- tenemos como misión salvar a los niños Embera Dobidá con los agentes de pastoral indígenas. “Donde está en riesgo la vida, más si es de un niño o niña, allá voy a rescatarla”, expresa.

Toro lleva 28 años ejerciendo estas actividades. Se alejo de Benín para trabajar con culturas ancestrales difíciles de comprender y cuyas prácticas rayan con lo maquiavélico. Entendió que un aspecto importante de esta comunidad es su relación con los espíritus Jai; los Jaibanas –como llaman a los chamanes- regulan la vida, la naturaleza, la subsistencia y la salud.
 
Rescata de las garras culturales la vida de niños con malformaciones. Es impactante –advierte- el momento del alumbramiento. La mujer Embera está sola en el parto porque tiene que verificar que el recién nacido llegue sin ningún problema físico. En caso de presentarlo –asegura- será rechazado por su comunidad, por lo que no encuentra otra vía que cegar la nueva vida con la propia placenta.
 
“Con los agentes indígenas de Pastoral de la Primera Infancia les estamos enseñando qué es el derecho a la vida y cuáles son los derechos del niño, razones por las que les pedimos que les permitan vivir. Nosotros hemos rescatado niños con paladar hendido, labio leporino, sin manitos, sin piecitos y hacemos contacto con Pastoral de la Primera Infancia para tratar de solucionarles los inconvenientes y de reinsértalos en su comunidad. Esta no es una tarea fácil”, describe.

La hermana de las Terciarias Capuchinas pertenece a una de las 49 diócesis que participaron del Décimo Segundo Encuentro Nacional de Coordinadores Diocesanos de la Pastoral de la Primera Infancia. En la sede de la Conferencia Episcopal Colombiana tuvo un espacio para narrar cada una de sus experiencias, con el propósito de convertirse en un puente que busca cerrar la brecha cultural entre la vida y la muerte.

“Seguimos luchando por la defensa de la vida, cueste lo que nos cueste”, insiste, al explicar que en el Alto Baudó existen 47 comunidades indígenas Embera, de las cuales la Pastoral de la Primera Infancia cubre a diez a través de 13 agentes de Pastoral Indígena. “En el programa tenemos actualmente 383 niños y en la casa de Puerto Echeverry cada día aumenta el número de niños. Han pasado alrededor de 500 y los hemos atendido en diferentes aspectos, como recuperación nutricional, discapacidad, cirugía, post operatorios y hemos tratado neumonías, diarreas y dermatosis crónicas”, cuenta.
 
Yolanda Toro cuenta que la mujer Embera es muy sufrida. “De ellas he aprendido la fuerza, la tolerancia y la entereza. Hay que promoverlas mucho porque ellas son capaces de sacar adelante sus comunidades aunque el hombre es muy machista y no las deja; pero todavía hay mucho por hacer por la mujer Embera”.

“Entidades estatales como el Ministerio de Salud y Protección Social nos apoya mucho en la formación de agentes de pastoral, con la colaboración de la hermana Cecilia Rodríguez, Coordinadora de Pastoral de la Primera Infancia en Colombia.  Si no fuera por su apoyo no podríamos hacer que muchos niños tengan vida y vida en abundancia”, enfatiza.

Pastora entre las hermanas

La labor de Yolanda Toro es reconocida por la hermana Cecilia Rodríguez Arenas, integrante de la congregación religiosa Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, y quien lleva 11 años trabajando en la Conferencia Episcopal coordinando la Pastoral de la Primera Infancia.

“Admiro mucho la labor de Yolanda y me impacta su actitud porque no tiene buena salud. Ella ha recuperado a los niños que los indígenas tiran al río y los lleva a su propia casa, los ha recuperado y le ha dado una nueva oportunidad. Este es un testimonio de vida”, subraya.

La hermana Cecilia señala que uno de los avances de Pastoral de Primera Infancia es el hecho de visibilizar el trabajo con niños de cero a seis años entre la población pobre, los indígenas, campesinos y afro descendientes, porque el concepto de primera infancia no solamente se ha hecho visible dentro de la Iglesia Católica sino entre la población más vulnerable de Colombia.

Explica que actualmente Pastoral de la Primera Infancia y el Ministerio acompañan a 17 mil familias de todo el país y a 19 mil niños desde que están en el vientre materno hasta que cumplen los seis años. “Hemos tenido que caminar entre actores del conflicto armado, como la guerrilleros y paramilitares, y hemos podido salvar la vida de muchos niños y niñas. Eso lo marca a uno mucho como persona”.

Rodríguez destaca que las actividades desarrolladas para beneficio de la Primera Infancia van más allá de dar mercados o bonos. “Es mejorar la nutrición de los niños y que los padres entiendan y aprendan cómo debe ser la alimentación de ellos en las primeras etapas de la vida. Nuestras madres han aprendido a alimentarlos y ninguno de nuestros niños tienen desnutrición, problemas físicos o cerebrales por falta de alimentación”.

“Uno de los legados de los acompañamientos es que las familias pobres y vulnerables entiendan que ellos pueden mejorar su propia vida transformando lo que ellos mismos tienen y no esperando regalos de otros. Es una manera de erradicar la pobreza no por medio de bonos sino por entendimiento y esfuerzo de las propias familias”, puntualiza.

El trabajo desarrollado por el Ministerio de Salud y Protección Social con la Pastoral de la Primera Infancia arroja réditos positivos. La jefe del Grupo de Promoción Social, Sussana Helfer-Vogel destaca la inversión de alrededor de 600 millones de pesos en el convenio de las dos entidades.

“Nosotros apoyamos con recursos y con capacitación en temas como la atención integrada a las enfermedades prevalentes de la infancia  -AIEPI y con la oferta hacia los municipios en los aspectos que las niñas y los niños requieren. Son dinámicas positivas, de inclusión social y con fuerte presencia institucional, con las que buscamos que otras entidades gubernamentales, privadas y fundaciones se asocien para beneficio de la Primera Infancia”, concluyó.

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